sábado, setiembre 04, 2010

LA DENUNCIA QUE NO FUE



Hace algunos años, luego de un viaje por el altiplano andino
que le dejó profundamente impresionado, mi amigo y colaborador Endriago escribió un relato que, basándose en algunos acontecimientos reales
de los que asegura haber sido testigo, denuncia los manejos turbios
de algunas corporaciones multinacionales, en este caso Crown Energy.
Entusiasmado por el nuevo enfoque militante que tomaba su escritura,
me pidió que hiciera la versión en comic de su cuento,
para que su denuncia alcanzara a más público que aquél al que pudiera llegar solo con la edición en texto.

Sin embargo, un mes después de iniciado el trabajo, cuando ya estaban todas las páginas dibujadas, y solo restaba el rotulado, sucedió algo inesperado
que alteró drásticamente nuestros planes.

Estábamos una tarde en casa de Endriago discutiendo algunos detalles
de los diálogos del comic, cuando sonó el timbre.
Al abrir la puerta irrumpieron en la casa tres hombres vestidos de traje, sombrero, y lentes negros, que en un acento extraño preguntaron
si Endriago era quien había escrito La Risa Del Gigante
(tal era el nombre del cuento en cuestión).
Ante la respuesta afirmativa de mi amigo, sin mediar palabra,
y mientras uno se quedó vigilándome, los otros dos empujaron a Endriago hacia una habitación contigua y cerraron la puerta.

Mientras desde detrás de la puerta se oían inquietantes ruidos,
y el amenazante individuo que se había quedado conmigo
revisaba los papeles y la computadora de mi guionista,
oculté tan sigilosamente como pude las páginas del comic
bajo el almohadón de mi asiento, al tiempo que,
venciendo el temor que me invadía, le pedí al intruso
una explicación de lo que estaba sucediendo.
Ante mi reclamo se detuvo, y sin decir nada, extrajo de un bolsillo
un carnet que lo identificaba como agente de
Majestic Security División Rocktown, la rama de Majestic Corporation encargada de la seguridad de la zona de la ciudad reconstruída después del Incidente Rocktown.
Una forma bastante expeditiva de hacerme entender
que podía hacer lo que quisiera, sin que ni siquiera las autoridades legales pudieran intervenir.

Al cabo de algunos eternos minutos, el agente encontró lo que buscaba:
el original y todas las copias de La Risa Del Gigante,
incluida la versión electrónica guardada en la computadora de Endriago,
de la que extrajo el disco duro.
Se dirigió entonces hacia la habitación donde sus colegas tenían a mi amigo, desde donde la perturbadora cacofonía
había cedido paso a un silencio aún más ominoso, abrió la puerta,
y les dijo algo en un idioma que no pude identificar, tras lo cual,
los tres se marcharon tan rápidamente como habían entrado,
llevándose el material "incautado".

El mensaje había sido recibido y entendido:
Nos habíamos metido con algo muy poderoso, que no permitiría interferencias.
El cuento no sería publicado, entre otros motivos, porque ya no había
ninguna copia disponible, y porque los agentes habían sido sumamente efectivos "convenciendo" a mi guionista de no reescribirlo.

Sin embargo, algo sobrevivió al saqueo: las páginas dibujadas.
La historia está ahí, solo hay que ponerle las palabras que ni mi guionista ni yo podemos escribir, so pena de muerte, o tal vez algo peor.

Serías capaz, improbable lector, de poner las palabras que faltan?
Te atreverías a hacer la denuncia que Endriago y yo no podemos?


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Finalmente, debo decir que,
más allá del susto mortal arriba narrado
no hemos sido molestados nuevamente,
y en lo personal no he sufrido otras consecuencias.
En cuanto a Endriago, ya se encuentra bastante repuesto
de su entrevista con los agentes.
Hoy solo llora sin parar por las noches,
todas las noches,
hasta que se duerme.





Yapa 1:





Yapa 2: